23 enero, 2017

La Revelación



Me tiré el tarot varias veces y me salió todo como la mierda, mierda, mierda de verdad. Me tiro el I Ching y me sale la solidaridad, ¡la solidaridad con quién, contra quién! Coño qué significa todo esto, un año que trasciende las barreras cloacales del 2016 para internarse en una ola de bosta superior que he de surfear sosteniendo la sonrisa en la cara. Qué mal huele todo, qué feo que es este número primo, qué desolación. Me acosté con 3 pibes diferentes en lo que va de enero y lo único que hice fue recalcar el hecho de que la satisfacción física me aburre. Quizás sea que leo demasiado Jane Austen y espero que me cortejen infinitamente desde lo alto de la colina, que bajen en la madrugada a confesar que su amor es eterno y soñado, como un amanecer trucho, que se opaca con los primeros cuernos, con una entrepierna cuidada con desgano. Sola, sosteniendo mi propia vela, quemándome los dedos con la cera, como analogía previa a la tira de cola, al padecimiento infinito de la histeria autoinducida. Para qué quiero seguir fantaseando la farsa que ya comprobé ser una falacia, para qué quiero otro lastre de horas de improductividad si así rayada estoy bien, bien como el orto, pero bien al fin. Sin tener que encajarle mi tragedia a nadie, sin bancarme la ajena, sin ocultar ni mentir descaradamente sobre lo random de mi personalidad que aflora en la primera borrachera. Por qué quiero pretender ser algo que no soy, no soy educada, ni bien hablada, ni una señorita, no me sale esconder lo que me gusta, menos que menos lo que me disgusta. Me encanta tirar toda la carne al asador junta, quemar la grasa, que se haga todo costra, adentro rojo y crudo, fieraso, los chorizos y el vacío, nada que ver, todo al mismo tiempo, qué me importa. A quién quiero engañar, si los defectos salen solos a la primera de cambio, ¿por qué no exponerlos de entrada? Si total soy un desastre, no me banco nada y me tocó ser esto, a quién le quiero vender qué, si no nos vamos a casar, si el contrato de por vida no existe más, si no me quiero reproducir ni insertar nada de mi forma de ser y ver las cosas en ninguna triste criatura que esté a mi merced. No me corteja nadie que me interese que me arrastre el ala, y los que sí huyen despavoridos, creo que se asustan de algo que no llego a ver del todo, quizás sea que no me hago la interesante en lo que debería, quizás porque me gusta discutir y contradecir a todo el mundo porque básicamente no soporto sus puntos mediocres de vista. Se sienten subvaluados, con el pito chico, los huevitos arrugados, no sé. Algo no funciona, y claramente no soy yo, a contramano me siento bastante cómoda siendo un grano en el culo y una insufrible de mierda, por qué cambiarlo. ¿Alguien llega a importarme  tanto como para alterar esta cualidad? No. Y si llegara a existir, madre mía pobrecito la que le espera, un sino de sombra y oscuridad persiguiéndolo hasta el fin del mundo, un suicidio adelantado, una espina con tétanos, un stalkeo perenne, el electra polifónico gritando ¡papi papi! Hasta el fin de los tiempos.

Voy a dejar de tirarme el Tarot y el I Ching para no reproducir más este discurso de derrota y austeridad emocional teñida de violencia lingüística, voy a dejar de querer seducir idiotas con palabras cargadas de ironía y anticipado despecho, de su condición de macho disminuída, de su falta de tacto en muchos sentidos, de lo triste de sus existencias plagadas de mujeres que no los consideran suficiente, ellos con el autoestima por el piso, ¡Eureka!, de rodillas, la respuesta a todos los problemas es que básicamente debería probar tirarles la goma más seguido.

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