08 diciembre, 2017

Danza



Había que hacer la noche completa, casi sin perder un minuto, porque al final eso era lo que siempre faltaba: tiempo. Cuando nos tocaba jugar de verdad nos dábamos cuenta que ya estábamos demasiado ebrios como para aparentar. Ya era tarde, recontra tarde para mentir que no nos la habíamos pegado. Sin siquiera patalear, no éramos amigos, ni novios, éramos nada, un bollo arrinconado porque no nos daba el espacio, éramos algo de lo que creíamos que queríamos ser. Andábamos de la mano por todos lados, como si hiciera años que nos conocíamos. Vos no querías blanquear nada, yo echaba cal sobre el asunto y pretendía que te ardiera todo.


Al final del viaje me diste el beso más frío que me habías dedicado, no sabía si correr o llorar, hacer una maratón hasta mi casa, multiplicada para cruzar las salinas sin aire y agonizando, sin saber por qué, creía que otra vez me tocaba la peor parte. Ni siquiera eso, no hay partes de la nada, ni algo sobre lo que revolcarme en llanto cuando no había qué lamentar, sólo había un yo y un vos.


No iba a quebrarme sobre el recuerdo de una pija, ¿sobre qué entonces? Circulaba este malestar de in-completitud y qué sé yo, teñido de un cariño falso, te amos con aliento a mucho escabio, chats haciéndonos la paja y finalmente una chachetada tan tan fuerte que casi escupo el trago, mientras me empezaba a cagar de frío en una noche que de golpe se puso helada.

Lloraba de ebriedad, esta vez sí lamentando algo que la bebida me hacía sentir como certero y era que yo te amaba tanto y muy fuerte, casi con el corazón completo que ahora se desgarraba en 150 canciones de mierda sobre el amor y los tipos que te dejan.


Más tarde se me pasó pero igual deseaba que te murieras de forma horrenda, mientras me llamabas y veía el teléfono iluminarse intermitentemente, no sé qué hora era, las 6 de la mañana, seguro estabas ebrio otra vez, para variar. Despedazada en la cama premonizaba una resaca insufrible, un día oscuro y caluroso. Después vino la tormenta, me así de tu recuerdo y palabras como al mástil de un barco en medio de un tifón. Ahí estabas luego, como el canto de una sirena por whatsapp, “ven, ven a mí, reúnete conmigo en esta muerte lenta”.


Volví a quererte, cada vez un poco menos y con recelo. Hice lo posible porque me eligieras y salió todo mal, tu plan sin plan intacto y yo con 50 resacas encima como para el resto del año. Todas las noches que nos vimos a escondidas me quedaba muda entre el deseo de romperte la cara de un beso y de una piña en simultáneo. Se alzó una luna tremenda y mientras vos me pedías que chapemos contra un árbol yo deshojaba una margarita podrida que había guardado en el fondo de la bombacha.


Cuando volví después te eliminé de todos lados, hasta que tu tímido mensaje hizo que volviera la atención sobre vos, luego de tu negativa a un nosotros y un yo escindido, recuperando algo de  tranquilidad cometí el error de volver a quererte, igual cada vez menos. Ya por aburrimiento, ya porque el plan sin plan se había vuelto propio y lo quería defender a rajatabla. Cuando pensaba que tenía la oportunidad te castigaba con la indiferencia, algo que a un niño caprichoso como vos molesta sobremanera, mi amor centro de mesa.


Lentamente el castillo de palabras a las que ni siquiera hacías caso se empezó a desgranar y se volvió arena entre mis manos, mientras sostenía el celular mirando la foto de tu pija que me acababas de mandar por Instagram. No te enojes, es un chiste dijiste. Pensé en la ilusión ingenua del falo prometido, un premio al cual abrazar, besar y agradecer a la cámara. Traté tan fuerte de que te fueras a la mierda que al final parece dio resultado.


Así y todo sigo tecleando en el celular, como si fuera un piano, armando una canción propia mientras charlo con vos. Todas las noches agrego una estrofa nueva a la historia de cómo convertirse en un ser horrendo de a ratos, sin intención de que se haga estribillo, o quizás sí y gritarlo desbocada en el pogo más grande del mundo que se arma, cuando te veo y me late fuerte el corazón.


Qué voy a hacer con vos, en qué parte del cuerpo te voy a alojar. Después de lo que pasó supongo que pensé que la concha era suficiente, mas no.
O era al revés, pensé que el resto del cuerpo era sincero y solo me quedó guardarte en lo más profundo del papo. Donde van a parar todos al final, un reducto hermoso, de una confianza temporal, piel con piel a todos nos queda cómoda la sensación de libertad.
Nos simpatiza la idea de que no nos ata nada, ni un bello abotonamiento, ni un abrazo que dure toda la noche, esconder la cara en el cuello del otro y todo ese lenguaje frontal y merecido.
Y cuerpo a tierra cuando largan las balas, y arrastrándose en medio de una invasión de langostas, ¡qué hermoso parecen mariposas!
Los que siempre naufragamos en el mar de la fantasía hacemos el salto al vacío cuando encallamos y tiramos todo por la borda. Nos tiramos nosotros y nadamos a la costa caliente, se nos mojaron los puchos y el encendedor, estamos húmedos y exhaustos por todos lados.
En la arena miramos el sol de cara, nos queremos quedar ciegos y que la luz abrasadora nos penetre el cerebro y queme todos y cada uno de los recuerdos, hasta olvidar. Que la piel arda de otra forma, esta vez de verdad, que se ponga roja e insoportable. Porque hay que desmembrarse de todos lados y de los arañazos invisibles que todavía recorren el cuerpo como emociones.
Hay que quemar todo, hay que dejarlo en cero, porque nosotros que construimos desde la ilusión somos los primeros en hacerla explotar, en que el pathos que domina nuestra respuesta emocional deje en claro que nos erigimos para destruir sin vergüenza alguna la memoria de lo bello.
Nacimos para armar, desarmar y sangrar. Moriremos igual, en un momento orgásmico que desprenda todos los fluidos por última vez, en señal de que cuando nos entregamos vamos hasta el final sin mirar atrás. 

31 agosto, 2017

Me quedé hablando con él a la noche, sin poder despegarme del celular, esperándolo. Se pone cada vez más difícil la distancia. Se refleja mi cara en la pantalla cuando se apaga y veo la expresión que me deja ese silencio temporal. Deseo/desesperación. 

Pienso que es como cavar un pozo y dejar la montaña de tierra al lado. Sembrar o enterrar. 

22 agosto, 2017

2 X 1

Después pienso en dedicarle poemas de amor a las piedras. Si chocan entre ellas, si generan chispas, se mojan y se parten, siguen siendo piedras.
Me rodean todo el tiempo, las criaturas más silenciosas del universo, las primeras con un sentimiento de transformación latente, denso e infinitamente lento.
No son más que piedras y así y todo cuando me muera quiero que me entierren junto a todas ellas hasta el fin de los días. Así me convidan de esa apariencia eterna, porque no nacen ni mueren, son una continua imagen del presente. 

***

Me enamoré de un chico que no conozco, es algo que me pasa usualmente. Me gustó desde el primer momento en que nos saludamos.
Ahora pienso en él, en este escrito que concentra una furia púber y quinceañera. A veces retrocedo en el tiempo para recuperar la capacidad de asombrarme, que lo nuevo sea algo bueno antes de envejecer malamente. 
En una semana, cuando me olvide de toda la curiosidad que me producía verlo vuelvo a foja cero.
Vuelvo al desencuentro pateando piedras, mirando el piso, ahora que va a llegar el calor me imagino la rutina bajando por la calle hasta la parada. Bajando la montaña del entusiasmo, del encuentro con el fuego. 
Un volcán que solamente echó cenizas sin erupcionar. Un volcán que solo echó cenizas y se puso todo gris. 

01 febrero, 2017

La Rueda de la Fortuna


Tengo un máster en desbarrancar. Llevo un récord como bandera de todas las veces que eché moco, de manera grandilocuente y furiosa, adobada por la bebida, envalentonada por un mínimo guiño de la suerte. La otra mañana, o la noche completa hice galardón de mi capacidad para quemar las naves y tratar de salir indemne, hollinada y llena de pasto en la ropa. Whatever.

Estaba en un pueblo sin referencias, con un chico que prácticamente desconocía y con quien me habían forzado de cierta forma a compartir estadía unos meses atrás junto a otra gente con quienes no ostentaba ninguna relación directa. Las vueltas de la rueda de la fortuna propiciaron un reencuentro, arrastrada por una amiga que quiso tirar los dados de la suerte, y la suerte se le volvió en contra, porque cuando me escabio muevo el fieltro de la mesa de juego a mi favor, o me carteo, como mejor parezca, hago trampa. Aunque no quiera, aunque sepa que está mal, aunque en otra circunstancia hubiese apelado a la decencia, no me salió nada. Me salió sentarme con él en un banco que daba al este a mirar el amanecer y cantar envido para tratar de ganar segunda, tirando la hembra y habiendo perdido primera jugando un cuatro de copas. Conté el puntaje y dieron 34, eran mejores.  Mientras el sol rajaba ya un poco alto no me quedaron muchas chances de seguir haciéndome la desentendida, y en una atmósfera de amor latente me entregué a los brazos de la traición, desmedida e innecesaria. En una escena del lado B de alguna historia de Jane Austen me encontré corriendo por el descampado, acococho de quien había desperdigado durante toda la noche una serie de miradas intensas que pesqué y recolecté en la red que alimentaba el sentimiento de delito que devendría. Siendo sincera fue una de las experiencias amorosas más furtivas y divertidas, porque el lugar ameritaba esconderse en los rincones inalcanzables de la casa. Porque había que atravesar senderos poblados de plantas, o pispear dentro de habitaciones semi-abandonadas, con una toalla rosa a cuestas, con dibujos de perritos que se amontonaban entre sí, como estábamos nosotros. Nos revolcamos por el pasto y nos reímos, mientras él me decía que estaba desvelado y amanecido, que sentía que no quería que nunca terminara ese momento. Yo reía mientras me mofaba de su romanticismo, lo besaba y acariciaba su pelo, y las abejas alrededor nuestro zumbaban, y todo parecía perfecto y desproporcionado, como la mirada fulminante que le dediqué para cerrar el trato de complicidad. Esas cosas me encantan, creo que no hay nada más sincero que el amor de ebriedad, la latencia de un deseo que se desencadena directo, sin especulación, sin las ambivalencias de lo correcto. Qué importaba echarse sobre las ortigas, la picadura de un tábano, el aliento bañado de vino, llevarme a cuestas entre las plantas, sortear matas y esconderse. Aunque durara solo 2 horas de la vida, un momento y ya está. Aunque después deviniera la tormenta, y la racionalidad de lo echado a perder, la culpa y todo lo que implica cuando el daño a otro está hecho, cuando arreglar lo que se rompe en primera instancia es prácticamente imposible. Nos despedimos en la puerta de la habitación con el beso más silencioso que nos salió y eso fue todo.

Así que a pesar de la resaca y la efervescencia tocó jugar la tercera mano, y mientras me cantaban truco miraba la única carta que sostenía, la sota de copas, qué coincidencia, no me quedó otra que irme al mazo y perder.

23 enero, 2017

La Revelación



Me tiré el tarot varias veces y me salió todo como la mierda, mierda, mierda de verdad. Me tiro el I Ching y me sale la solidaridad, ¡la solidaridad con quién, contra quién! Coño qué significa todo esto, un año que trasciende las barreras cloacales del 2016 para internarse en una ola de bosta superior que he de surfear sosteniendo la sonrisa en la cara. Qué mal huele todo, qué feo que es este número primo, qué desolación. Me acosté con 3 pibes diferentes en lo que va de enero y lo único que hice fue recalcar el hecho de que la satisfacción física me aburre. Quizás sea que leo demasiado Jane Austen y espero que me cortejen infinitamente desde lo alto de la colina, que bajen en la madrugada a confesar que su amor es eterno y soñado, como un amanecer trucho, que se opaca con los primeros cuernos, con una entrepierna cuidada con desgano. Sola, sosteniendo mi propia vela, quemándome los dedos con la cera, como analogía previa a la tira de cola, al padecimiento infinito de la histeria autoinducida. Para qué quiero seguir fantaseando la farsa que ya comprobé ser una falacia, para qué quiero otro lastre de horas de improductividad si así rayada estoy bien, bien como el orto, pero bien al fin. Sin tener que encajarle mi tragedia a nadie, sin bancarme la ajena, sin ocultar ni mentir descaradamente sobre lo random de mi personalidad que aflora en la primera borrachera. Por qué quiero pretender ser algo que no soy, no soy educada, ni bien hablada, ni una señorita, no me sale esconder lo que me gusta, menos que menos lo que me disgusta. Me encanta tirar toda la carne al asador junta, quemar la grasa, que se haga todo costra, adentro rojo y crudo, fieraso, los chorizos y el vacío, nada que ver, todo al mismo tiempo, qué me importa. A quién quiero engañar, si los defectos salen solos a la primera de cambio, ¿por qué no exponerlos de entrada? Si total soy un desastre, no me banco nada y me tocó ser esto, a quién le quiero vender qué, si no nos vamos a casar, si el contrato de por vida no existe más, si no me quiero reproducir ni insertar nada de mi forma de ser y ver las cosas en ninguna triste criatura que esté a mi merced. No me corteja nadie que me interese que me arrastre el ala, y los que sí huyen despavoridos, creo que se asustan de algo que no llego a ver del todo, quizás sea que no me hago la interesante en lo que debería, quizás porque me gusta discutir y contradecir a todo el mundo porque básicamente no soporto sus puntos mediocres de vista. Se sienten subvaluados, con el pito chico, los huevitos arrugados, no sé. Algo no funciona, y claramente no soy yo, a contramano me siento bastante cómoda siendo un grano en el culo y una insufrible de mierda, por qué cambiarlo. ¿Alguien llega a importarme  tanto como para alterar esta cualidad? No. Y si llegara a existir, madre mía pobrecito la que le espera, un sino de sombra y oscuridad persiguiéndolo hasta el fin del mundo, un suicidio adelantado, una espina con tétanos, un stalkeo perenne, el electra polifónico gritando ¡papi papi! Hasta el fin de los tiempos.

Voy a dejar de tirarme el Tarot y el I Ching para no reproducir más este discurso de derrota y austeridad emocional teñida de violencia lingüística, voy a dejar de querer seducir idiotas con palabras cargadas de ironía y anticipado despecho, de su condición de macho disminuída, de su falta de tacto en muchos sentidos, de lo triste de sus existencias plagadas de mujeres que no los consideran suficiente, ellos con el autoestima por el piso, ¡Eureka!, de rodillas, la respuesta a todos los problemas es que básicamente debería probar tirarles la goma más seguido.

02 enero, 2017

Sujeto Tácito



Pensar que algo de mi actitud vaya a modificarse porque cambió el número del año es una falacia. Ya pasaron 2 días y lo único que hice fue seguir haciendo lo mismo, valga la redundancia, me emborraché casi hasta el olvido y ahora que estoy en casa, la ropa sobre la cama y el quilombo sigue siendo indiferente al calendario. De hecho, acabo de prepararme el mate a la 1:45 de la mañana y planeo ponerme a leer tu blog de hace como 10 años que al igual que el mío quedó prácticamente abandonado. Me gusta como escribís, y por eso quizás me interese leerte, es un deporte un tanto masoquista  tratar de desentramar un poco de tu personalidad críptica, bueno qué amable, elijo decir eso a la par de pensar que sos un pelotudo, en fin, te sale fácil ordenar las palabras. 

Eso, veo algo similar en la manera de describir las situaciones, bastante observador, amante de las metáforas, violador de las repeticiones, marido de las frases largas, que no terminan, como la letanía en la que me metí por motus propio, por diversión. Igual que siempre, para salir perdiendo pero sin el efecto sorpresa, como siempre y esta vez por suerte. No sé o elegí no acordarme de la motivación que tenía para ir a verte, el gusto por la curiosidad que es lo que me termina matando, o torturando al menos. Decidí que voy a tener un idilio con tus textos, ya que tu presencia física dista mucho de mis deseos, las palabras están ahí y puedo hacerlas mías, como cuando uno agarra un libro y se sumerge en el paisaje imaginario de creer que lo está viviendo, cerca, aunque nunca realmente. Como siempre, creo que estás ahí y no estás. El sujeto tácito es por definición mi forma predilecta de dirigirme al exterior cuando no te puedo nombrar, porque revelar la información me haría darle poder a un otro, y más que nada a vos, que en tu inteligencia ya debes haber descubierto a quién me estoy refiriendo. ¡Bingo! A vos. 

Escribís como si estuvieras hablando, contándoles una historia a tus amigos, yo hago lo mismo. Me encanta encontrar paralelismos inexistentes entre un nosotros que nunca fue ni será, no importa, ya el daño está hecho, para poner una frase contundente en esta verborragia inconsistente. 

Le di un cierre al 2016 con toda, con toda la algarabía que me entraba en el estómago y el hígado, alabando los mares de bebida que fluían en todos los vasos de los que tomé en la noche, porque los olvidaba en alguna mesa e iba a buscar otros, más vino de la ubre con hielo, más cerveza, más agua de la pileta, más baba ajena, más lo que sea que se cruzara para beber. Nos zambullimos en la piscina y pensé en qué fácil parecía ahogarse en una ebriedad insensible a los estímulos, en un travestismo emocional porque básicamente estaba disfrazada de felicidad y por dentro no era más que una masa de sentimientos deformes y eufóricos, un poco sexualmente excitados, otro poco melancólicos de lo que había sido el no-festejo del año nuevo anterior. Un afrecho desvirtuado, una ansiedad por hacer algo, y mientras más bebía menos entendía por qué miraba el teléfono y esperaba un milagro, mientras me angustiaba profundamente y escribía corrigiendo porque no le acertaba a las letras, un desastre proporcional a la escala del festejo.

Hablé mucho pero no me acuerdo de nada, ya es un síntoma de que afortunadamente en la ebriedad pierdo el sentido de lo correcto de la palabra, invento cosas, miento descaradamente, mucho se agolpa a la puerta de los 30 y empieza a agitar la falta de acción de la década de los 20 años. Después me fui a revolcar, nos levantamos con mi amante para seguir bebiendo y escuchar la música que se nos cantara el culo poner, hablé de vos, porque saqué el tema mientras el otro también hablaba de una ella, qué romántico. Nos terminamos la botella de champagne y nos fuimos a garchar de vuelta.  Me desperté a las 10 de la mañana con problemas para respirar, me está pasando que cada vez que me embriago fuerte cuando me acuesto el reflujo gástrico me hace hinchar tanto la panza que hasta que no me levanto y me pongo a hacer algo no se me pasa. Así que a las 11 estaba arriba, mientras mi compañero de aventuras trataba de combatir la resaca, vómito de por medio y escándalo por el malestar, me tomé un té en la medida en que la gente iba reaccionando. Ya estaba bien, todavía ebria, arrancamos el mate, arrancamos el año nuevo a media marcha, o a contramano, qué se yo, de alguna forma lo empezamos. Ah, a eso de las 12 de la noche anterior estábamos ya borrachos y alguien dice: ¡Mirá un alacrán! Y yo, que usualmente me dan un poco de fobia fui y lo pisé con saña, y me acordé de vos en una referencia directa, y decidí que te había matado simbólicamente, y ahora pienso igual, haciendo esto, una confesión unidireccional. Me hacés acordar a la resaca.

En realidad pienso que no importa que seas vos, es un alguien sin rostro en particular, una idea que se materializa en un cuerpo. Sos como la justificación de otra de mis obras de arte, todo el proceso se vuelve caótico e ininteligible, le doy mil vueltas para entender qué es lo que me interesa de tu forma, de tu sabor. Sos otra obra de arte, todo el proceso es justificación para llegar a estos estados de emocionalidad controlada, de entender que de nuevo, me gusto yo. Y cuando te garcho me garcho yo, y si te escribo me escribo a mí misma. Porque soy lo más, y vos una criatura petiza, peluda, rechoncha y con facciones hermosas, que me intriga, y que encima y a pesar de todo me coje decentemente, o por lo menos le interesaba pasarla bien. Qué linda cara tenés, me produce placer mirarla, las proporciones son correctas, no sobra ni falta nada, el resto de lo físico no me interesa tampoco, fueron observaciones maliciosas. En este raid de contradicción generalizada es cierto que coleccionaría tu rostro, en una de esas miradas pícaras, cuando entornás los ojos. Bello todo, todo bello, sí, sos una obra de arte clásica.

Pero ahora que ya fue, es al pedo seguir recordándolo y pensar en posibles futuros que no abrevan más que en el ensañamiento con el celular y las ganas de arrojarlo contra la pared porque no escribís nunca. Quería que fueras la frutilla del postre de un año de mierda y no la gota que rebalsara el vaso, un adorno emocional divertido y quizás un poco más duradero. A pesar de todo me sigue interesando cómo sos, básicamente es una de las motivaciones más fuertes que me motorizan. En el aburrimiento cotidiano, que me pasaras a buscar para tomarnos un helado y echarnos un fierro en el asiento trasero del auto. Un día escribí otro texto titulado F de Fuck, sólo hablaba de garcharte, brutal. Una nalgada resonando en la noche solitaria, eco lejano, ahora en el recuerdo, qué triste realidad, me emocioné como una boluda por un pendejo de 27 años.