21 abril, 2012

Motochorros, el miedo en 2 ruedas

Una cadena engrasada suena en la noche de Córdoba mientras se desliza el terror por la avenida. 2 ruedas, 2 choros, 2 piernas dispuestas a picar ante la menor señal de acecho. 2 sílabas: mie-do.
Me bajo del colectivo y estrecho los brazos contra la cartera, depósito de pertenencias de escaso valor material, el tesoro oculto entre mis brazos entumecidos.
El semáforo parpadea en amarillo, precaución.
Los sentidos alerta, la piel de gallina, el corazón golpea contra el pecho y camino apresurada por las 2 cuadras que separan mi casa de la parada.
Aparecen por la curva, presiento sus intenciones malvadas, la adrenalina se apodera a medida que se acercan. Oscuros como una sombra funesta de paco, escabio y Damián Córdoba. Sé que no hay escapatoria, que van a leer los mensajes del celular mientras se mofan descaradamente de mis chongos. Van a usar mis tarjetas para tomar merca, van a desparramar mis toallitas en alguna vereda mientras hurgan en vano la bolsa de plástico donde llevo las monedas. Se van a llevar mi bombacha de repuesto y la van a revolear por ahí, pobres mis bragas, ojalá estuvieran sucias, ojalá estuvieran menstruadas.
Me van a usar los forros y yo que los guardaba convencida de que algún día iban a ser partícipes de una alegría inesperada.
Van a llenar mi MP3 con la Mona, La Banda de Carlitos y JeanCa, pobre Mariah, Kylie, Ricky y Alejandro Sanz. Chau ibuprofeno, reliverán, alplax, cigarrillos, 8,25 la etiqueta. Chau propiedad privada.
Camino aterida mientras pienso todo esto, aterrada, preparada para la contienda, el horror, los chumbos, la inseguridad, Cristina, la desesperanza… y la moto pasa.

15 abril, 2012

Taxímetro, la medida del tiempo

Son las 2 de la mañana y el chongo no acusa recibo. Otra mala pasada, nada que hacer sino ir a dormir a casa.
Con 2 amigos hacemos tiempo al frente del Buen Pastor, a la espera de una respuesta que nunca llegó. Bueno, vamos. Caminamos 2 cuadras por la Independencia o Ituzaingó, nunca sé cuál es cuál.
Mi amiga para un taxi, le pido un 5 porque no sé si me alcanza la plata y subo al móvil. Siempre con ese halo depresivo de rosarios y San Cayetanos colgando. Miro el número de patente haciendo un esfuerzo por recordarlo, nunca funciona, claramente.
El olor a gas me obliga a abrir la ventanilla mientras le indico al viejo hundido en el asiento la dirección.
De noche la ciudad siempre es igual, los semáforos intermitentes, los tarados en sus autos con luces abajo, las chicas de la Humberto Primo, el puente, el río encofrado, el edificio en construcción de la Costanera, Puerto Madero un poroto comparado con este despliegue inmobiliario.
No pasa nada más que nosotros 2 en el tacho mientras los numeritos marcan la marcha y palpo los billetes en el bolsillo pensando cuanto falta.
Llegamos a la calle oscura de la diversión, esa que tiene la bajada bien empinada y a mí se me suben las tripas y me da risa, no sé por qué.
Apremia el sueño aunque cierta paranoia no me deja relajar, una ventaja de algún trauma inconducente como el taxi que empieza a traquetear y enfila a la vereda sin razón aparente.
El auto estacionado se acerca cada vez más y el conductor macilento parece no darse cuenta hasta que al grito de “¡Señor!” clava los frenos y se despierta.
Eso de que la vida te pasa toda al frente es una mentira, yo solamente sentí cagaso. Llegué a mi casa temblando, apenas cerré la puerta dejé la mochila en el piso y me agarré de los calzones. Mierda dije, mierda que estuvo cerca.

13 abril, 2012

Hoy estaba en la parada alrededor de las 10 de la noche cuando furioso aparece el central en la curva, la humedad y el frío hacían la espera aún más insoportable. Frena el móvil abre la puerta y un señor que estaba también aguardando se puso a gritarle al chofer que hacía una hora esperaba al A6. Me subo primera paso la tarjeta, no sale el ticket, una de las dos chicas que subió detrás mío increpa al conductor sobre su actitud con el anterior señor. Cruces de palabras la tickeadora rota, encuentra el resto de mi boleto en el bollo de papel y las otras dos mujeres son obligadas a bajarse.  Pasan las paradas sin que el móvil se detenga a excepción de aquellas en que debe descender algún pasajero. En uno de esos momentos se adelanta otra señorita, le grita al chofer un improperio que suena como cuidado! y golpea el colectivo con un feroz puñetazo.
Acto seguido un señor que también viajaba desenfunda una guitarra y comienza a tocar una melodía cuyas estrofas decían: "no paró el bondi, que nervioso estoy, etc". El viaje fue placentero, saludando a aquellos que debajo esperaban impacientes la llegada del bólido índigo y veían la estela azulina seguir por el asfalto mojado.
Llegué a mi hogar, cobijo del desconsuelo para encontrar a mi bienamado salame acompañado de unas bellas facturas. El mate listo para cerendar (mezcla de cenar y merendar), y esta es otra de las cosas por las que quiero a mi país, el morfi y el amor al bardo instantáneo.