15 septiembre, 2012

Romix


El día que te vi por primera vez pensé que no eras tan lindo, capaz me decepcioné un poco, capaz la vi a tu novia gritándote y me desanimé, ya había pensado que no podías estar solo, que seguramente tendrías hijos, una prole, salidos todos de tus bolas, expulsados de su útero.
Después te vi de nuevo, y esta vez te saludé, con un beso en el cachete ese peludo que tenés, te vi embriagándote mientras discutíamos cosas serias, mientras yo  trataba de superar una resaca que arrastraba desde las 6 de la mañana, digna de un buen asado en la calle, en el cordón de la vereda, sentados tomando vino. Esa noche me subí a una bici moto, esa noche me deprimí un poco, el chico que me gustaba estaba de novio también, y esa madrugada se fue a algún lugar, a enamorarse un poco más.
Esa noche volví con una amiga a su departamento, a destripar un poco la tristeza de otro amor no correspondido, uno que venía arrastrando hacía como un año y me estaba cansando y ya estaba en ese punto, restañando los dientes de bronca, de frustración.
Ese mediodía que te saludé, te escuché y hasta cierto punto te admiré mientras entornaba los ojos por la resolana del cielo nublado, mientras digería otro asado y tomaba agua, mientras extrañaba mi cama y pensaba algo que no recuerdo, estoy segura que pensaba.
Dos semanas después te volví a ver, a la distancia. Para la misma época sellaba con un último beso una despedida, ésta vez robado, sin querer o queriendo demasiado dije chau, chau sufrimiento, chau ser que me enloquece, chau la puta madre. Llanto y tristeza porque esta vez era definitivo, lo vi besarse al lado mío con su novia, arrullarse en el sillón y yo soportando una angustia pedorra y llena de vino. Chau sorete.
Llegó el limbo mientras me seguía revolcando con otros seres del universo, algunos recurrentes, otros casuales, algunos con más cariño que otros, ya estaba un poco resignada, ya te imaginaba a la distancia como aquella vez, ya colapsaba inútilmente por nada. Los días seguían, y yo arrastraba la libido, un poco tensa, expectante de la menstruación que finalmente llegó y llegaste vos también y la noticia de que estabas soltero. Esa noche circulaba el vino, circulaban los amigos, el trabajo en un día caluroso, otro jueves de farra, otra jornada de clases y de fiesta. Viva el escabio y los cigarrillos, las muestras de arte con comida y bebida gratis, con gente que se cree linda y especial, todos engendros, ridículos, presumiendo, lalala. Caminábamos con mi amigo tomando vino en la calle, caminamos hasta la fiesta que recién empezaba, realmente recién empezaba la fiesta, pero no me había enterado del todo.
Ahí te encontré de nuevo, vestido de joven y sentí, algo raro para mí, sentí una cosa en la panza. Me hice la gila, te fui a dar charla, saludé a los tuyos. Al rato te fui a hablar de nuevo, escapándome de algunas responsabilidades, me paré al lado tuyo, a propósito, para que me vieras, para verte, hasta olerte. Dios que ganas de estrolarte contra el piso y montarte.
Te vi de nuevo sin chances de nada, vestido de viejo. Te vi otra vez y esta ya estaba dispuesta a tirarte con todo para que te dieras cuenta que estaba alzada.  Te hablé, busqué y me paré cerca para que vinieras y me dieras fernet, para que me tiraras charla y yo te preguntara de dónde eras. Histeria, mucha, muchísima, una avalancha de flujo en la bombacha, esperaba que la sintieras aunque todavía no sabía bien por qué. Y me senté al lado tuyo, y bebí de tu cerveza, y me iba dando cuenta que te gustaba y viceversa. Todo el resto de lo que pasó me gustaría saltearlo porque fue más de lo mismo, de conocerte todavía vestido.
Después vinieron las confesiones y la intimidad, después me di cuenta que quizás esta vez me iba a durar, noté que iba durando y aunque me achicharré un poco, aunque me accidenté, reposé, me interné, drené litros de plasma y pus, menstrué y lloré, más que nada me mojé.  Y gracias al cielo que por fin me mojé. 

21 abril, 2012

Motochorros, el miedo en 2 ruedas

Una cadena engrasada suena en la noche de Córdoba mientras se desliza el terror por la avenida. 2 ruedas, 2 choros, 2 piernas dispuestas a picar ante la menor señal de acecho. 2 sílabas: mie-do.
Me bajo del colectivo y estrecho los brazos contra la cartera, depósito de pertenencias de escaso valor material, el tesoro oculto entre mis brazos entumecidos.
El semáforo parpadea en amarillo, precaución.
Los sentidos alerta, la piel de gallina, el corazón golpea contra el pecho y camino apresurada por las 2 cuadras que separan mi casa de la parada.
Aparecen por la curva, presiento sus intenciones malvadas, la adrenalina se apodera a medida que se acercan. Oscuros como una sombra funesta de paco, escabio y Damián Córdoba. Sé que no hay escapatoria, que van a leer los mensajes del celular mientras se mofan descaradamente de mis chongos. Van a usar mis tarjetas para tomar merca, van a desparramar mis toallitas en alguna vereda mientras hurgan en vano la bolsa de plástico donde llevo las monedas. Se van a llevar mi bombacha de repuesto y la van a revolear por ahí, pobres mis bragas, ojalá estuvieran sucias, ojalá estuvieran menstruadas.
Me van a usar los forros y yo que los guardaba convencida de que algún día iban a ser partícipes de una alegría inesperada.
Van a llenar mi MP3 con la Mona, La Banda de Carlitos y JeanCa, pobre Mariah, Kylie, Ricky y Alejandro Sanz. Chau ibuprofeno, reliverán, alplax, cigarrillos, 8,25 la etiqueta. Chau propiedad privada.
Camino aterida mientras pienso todo esto, aterrada, preparada para la contienda, el horror, los chumbos, la inseguridad, Cristina, la desesperanza… y la moto pasa.

15 abril, 2012

Taxímetro, la medida del tiempo

Son las 2 de la mañana y el chongo no acusa recibo. Otra mala pasada, nada que hacer sino ir a dormir a casa.
Con 2 amigos hacemos tiempo al frente del Buen Pastor, a la espera de una respuesta que nunca llegó. Bueno, vamos. Caminamos 2 cuadras por la Independencia o Ituzaingó, nunca sé cuál es cuál.
Mi amiga para un taxi, le pido un 5 porque no sé si me alcanza la plata y subo al móvil. Siempre con ese halo depresivo de rosarios y San Cayetanos colgando. Miro el número de patente haciendo un esfuerzo por recordarlo, nunca funciona, claramente.
El olor a gas me obliga a abrir la ventanilla mientras le indico al viejo hundido en el asiento la dirección.
De noche la ciudad siempre es igual, los semáforos intermitentes, los tarados en sus autos con luces abajo, las chicas de la Humberto Primo, el puente, el río encofrado, el edificio en construcción de la Costanera, Puerto Madero un poroto comparado con este despliegue inmobiliario.
No pasa nada más que nosotros 2 en el tacho mientras los numeritos marcan la marcha y palpo los billetes en el bolsillo pensando cuanto falta.
Llegamos a la calle oscura de la diversión, esa que tiene la bajada bien empinada y a mí se me suben las tripas y me da risa, no sé por qué.
Apremia el sueño aunque cierta paranoia no me deja relajar, una ventaja de algún trauma inconducente como el taxi que empieza a traquetear y enfila a la vereda sin razón aparente.
El auto estacionado se acerca cada vez más y el conductor macilento parece no darse cuenta hasta que al grito de “¡Señor!” clava los frenos y se despierta.
Eso de que la vida te pasa toda al frente es una mentira, yo solamente sentí cagaso. Llegué a mi casa temblando, apenas cerré la puerta dejé la mochila en el piso y me agarré de los calzones. Mierda dije, mierda que estuvo cerca.

13 abril, 2012

Hoy estaba en la parada alrededor de las 10 de la noche cuando furioso aparece el central en la curva, la humedad y el frío hacían la espera aún más insoportable. Frena el móvil abre la puerta y un señor que estaba también aguardando se puso a gritarle al chofer que hacía una hora esperaba al A6. Me subo primera paso la tarjeta, no sale el ticket, una de las dos chicas que subió detrás mío increpa al conductor sobre su actitud con el anterior señor. Cruces de palabras la tickeadora rota, encuentra el resto de mi boleto en el bollo de papel y las otras dos mujeres son obligadas a bajarse.  Pasan las paradas sin que el móvil se detenga a excepción de aquellas en que debe descender algún pasajero. En uno de esos momentos se adelanta otra señorita, le grita al chofer un improperio que suena como cuidado! y golpea el colectivo con un feroz puñetazo.
Acto seguido un señor que también viajaba desenfunda una guitarra y comienza a tocar una melodía cuyas estrofas decían: "no paró el bondi, que nervioso estoy, etc". El viaje fue placentero, saludando a aquellos que debajo esperaban impacientes la llegada del bólido índigo y veían la estela azulina seguir por el asfalto mojado.
Llegué a mi hogar, cobijo del desconsuelo para encontrar a mi bienamado salame acompañado de unas bellas facturas. El mate listo para cerendar (mezcla de cenar y merendar), y esta es otra de las cosas por las que quiero a mi país, el morfi y el amor al bardo instantáneo. 

21 febrero, 2012

Nada

Bueno a veces me gustaría ser analfabeta y no escribir la ristra de imbecilidades que acababa de escribir para ocultar que me aburro y no tengo ganas de ir a dormir porque además sufro de insomnio y de angustia oral. Entonces me quiero preparar el  mate pero eso conllevaría efectivamente no dormir hasta entrada la mañana y seguir postergando el momento de sentarme a estudiar. A decir verdad el verano fue una pesadilla de calor, mosquitos y mal sueño que quiero que se termine ya de una vez para poder dar curso a mi nueva actividad intensiva: tejer. Me siento sana y útil haciéndolo, en vez de estar prologadas horas frente a la televisión o a la pc puedo hacerlo y tejer mientras tanto, liberándome del sentimiento de larva que me afecta usualmente.
Extraño mi vida pseudo feliz en la que todavía mantenía mis problemitas a raya fingiendo exitosamente su inexistencia. Ahora los llevo como a una hermana menor molesta que pide todo, que quiere mi ropa, mis amigos, mi chongo, los chongos de otras, que se pelea con mi vieja  y se encapricha con imbecilidades. Me siento como si recién empezara a menstruar y no fuera consciente de mi cuerpo, de que puedo procrear y tengo tetas y me encerrara a jugar a las Barbies desconchadas y los Kenes sin pito, porque no ofrecen resistencia si quiero encamarlos y después hacer que se caguen a piñas.
Esos son mis días, extrañando una niñez pedorra e igual que la de todos los otros, con terror a ser adulta y afrontar los hechos directamente como vienen, sin más. Pero no, todo es un alud de barro proveniente de Mongolia y lloro y me desespero  e invoco a mi madre redentora del mal y creadora de este ser inútil que soy hoy.
La facultad es un pasatiempo porque honestamente voy para no estar tan al pedo, no me interesa nada de lo que hay ahí, a excepción de algunas personas, un par de pibes que están buenos  y para ver si mi ex corta con su nueva novia. El resto tiene pinta de baño de mujeres donde cada una se esfuerza por dejar una marca en la puerta del cubículo con alguna enseñanza o experiencia pedorro-sacro-lésbica, en fin, inútil.
Después está la militancia que a veces parece un casting de Bailando por un Sueño donde todos se creen Julio Bocca y en realidad chorrean más grasa que una Paty a la plancha. También todas conchudas y pitos fláccidos, o su gran mayoría. Todos con un delirio místico-revolucionario de hace 50 años y con menos capacidad de hacer política que De la Rúa. Todos truchos. Me tienen podrida con Silvio Rodriguez, León Gieco, Raly Barrionuevo y toda la fantochada pseudo-progre cristinista/ambientalista de conventillo. Eso a grandes rasgos.
Ahora tengo menos sueño que antes y ojalá pase 89 horas sin dormir para que se me anule el cerebro de una vez por todas y me convierta en la ameba que siempre quise ser, a eso se reduce todo, quiero que me den de comer con una cuchara en la boca y me cambien los pañales cagados, pero sobretodo que felizmente no me entere de nada.