09 septiembre, 2011

Hubo un momento de la vida, en que el heroísmo era una cuenta pendiente, dónde el coraje era una fuerza motor contra las adversidades de un presente hostigador. Los años fueron pasando y quizás esa potencia disminuyó, el enemigo se camufló detrás del ajetreo de lo mundano, de los proyectos comunes, que instantáneamente se convalidaban. Hubo un momento, en que las condenas estaban en un lugar encapsulado, y las penas se las llevaba de a poco el olvido, de una tristeza casi religiosa, a la que debía adorar, pues no existe héroe sin un dolor por extirpar. Forjé un sentir acorazado, la fortaleza se demostraba en la insensibilidad a lo cotidiano, al destripe de lo sublime, para derrotar toda utopía de grandeza, para acallar la humanidad en pugna.
El tiempo corrió, como una moneda girando y hoy pareciera haberse detenido, sin eje en el que rotar, aplastada en la superficie, muestra su cara. Los años parecen haberse acumulado en algún lugar que acarreo a la rastra, voy rasgando como ropas rastros de una personalidad que de a ratos se inquieta y dispara. Voy descubriendo, que a pesar de los finales ficticios todo continúa, conmigo pensando en ello o perdida en lo que parece un sueño ajeno.
Me pregunto qué fue de mí durante todo este tiempo, y qué será en ese futuro incierto. A pesar de las proyecciones el presente tiene su propio peso, es lo que me arrastra hasta la inercia de no poder parar, y de alimentar ciertas desesperanzas tan mías que no encuentro diferencia entre caminar y reptar.
Hoy me abofeteó la tristeza de una situación que no puedo modificar, hoy las penas me llegan a las entrañas y son parte de mi propia sangre. El dolor va corroyendo desde el estómago hasta la garganta y volver a pensar en la pérdida me estrangula lentamente, no quisiera volver a evadir recuerdos, ni a temerle a aquello inevitable que me supera. No puedo reconciliarme con la alegría de vivir,  y a pesar de algunas promesas es algo que no espero alcanzar, es una derrota a regañadientes y ya asumí el rol de verdugo de mi propia cabeza.