17 septiembre, 2010

La curda

Con los recuerdos confusos de mi vida anterior podría decir que un año es tan poco, y es tanto.
El sabor del vino que bebí en la noche se cuela en el paladar a medida que tomo unos mates. Esta es la dieta que mantengo desde hace un tiempo, y va adelgazando el cuerpo, mina entre otras cosas mi capacidad para pensar. Arrastra los pasos que deberían ser apresurados, como una cuerda que tira hacia abajo.
Va pesando en la espalda, como una vaca que engorda, que sabe llegará el día del traslado para convertirse en alimento. Así es este período de nutrición, pastando junto al rebaño, siguiendo el sonido del cencerro, que nos agrupa, nos guía. Se acerca la apertura del corral y el ingreso al matadero es descuartizarse para la sociedad. Como un corte de carne, achuras y huesos que se desparrama a ricos y pobres, a cada cual su parte injusta y desigual.
Prima una voz, de desasosiego y contradicción, porque he visto tanto y he vivido tan poco, recorrí un camino apenas consciente, los momentos de reflexión superaron a los de acción, error que convirtió esta vida en un espiral que desciende. Retomar la rectitud de la línea resulta difícil cuando uno vive en base a desengaños y se inscribe en una poesía cínica.
Este escrito es una hija más en un cuaderno conflictivo, de idas y venidas que redundan en el olvido, que le gusta de vez en cuando, ahogarse en un vaso de vino.
A las palabras les falta sentido, porque me gusta desembocar en esta angustia mentirosa.
Por eso me debo un brindis a la sinceridad, al cuerpo y al espíritu, la discordia de horas nocturnas sigue poniéndole un telón al corazón, como canta el Polaco. Pola no es más que una actriz que nunca se aprendió el guión.