17 septiembre, 2010

La curda

Con los recuerdos confusos de mi vida anterior podría decir que un año es tan poco, y es tanto.
El sabor del vino que bebí en la noche se cuela en el paladar a medida que tomo unos mates. Esta es la dieta que mantengo desde hace un tiempo, y va adelgazando el cuerpo, mina entre otras cosas mi capacidad para pensar. Arrastra los pasos que deberían ser apresurados, como una cuerda que tira hacia abajo.
Va pesando en la espalda, como una vaca que engorda, que sabe llegará el día del traslado para convertirse en alimento. Así es este período de nutrición, pastando junto al rebaño, siguiendo el sonido del cencerro, que nos agrupa, nos guía. Se acerca la apertura del corral y el ingreso al matadero es descuartizarse para la sociedad. Como un corte de carne, achuras y huesos que se desparrama a ricos y pobres, a cada cual su parte injusta y desigual.
Prima una voz, de desasosiego y contradicción, porque he visto tanto y he vivido tan poco, recorrí un camino apenas consciente, los momentos de reflexión superaron a los de acción, error que convirtió esta vida en un espiral que desciende. Retomar la rectitud de la línea resulta difícil cuando uno vive en base a desengaños y se inscribe en una poesía cínica.
Este escrito es una hija más en un cuaderno conflictivo, de idas y venidas que redundan en el olvido, que le gusta de vez en cuando, ahogarse en un vaso de vino.
A las palabras les falta sentido, porque me gusta desembocar en esta angustia mentirosa.
Por eso me debo un brindis a la sinceridad, al cuerpo y al espíritu, la discordia de horas nocturnas sigue poniéndole un telón al corazón, como canta el Polaco. Pola no es más que una actriz que nunca se aprendió el guión.

30 mayo, 2010

Un relato corto

Hace unos años mi mamá me contó una historia, de cuando ella estudiaba en la facultad de medicina, allá por el 74. Me dijo que un día, no recuerda bien cuando, se habían hecho la chupina. Hacían las prácticas en el Hospital de Clínicas, ese que tiene una morgue que obligatoriamente todo estudiante del Belgrano osa explorar en sus primeras horas libres. En esa misma morgue hace 34 años mi mamá vio una camioneta con las puertas abiertas. Adentro unos cuantos cuerpos apilados, esas personas no tendrían más que su edad en aquel momento, ni que la mía ahora. Lo llamativo eran las curitas, las cintas pegadas en cruz múltiples veces sobre esos cuerpos, tratando de tapar ¿qué podrían ocultar? Marcas de un fusilamiento que en esos tiempos todavía era cuasi ilegal. Siempre me llamó la atención ese relato, admito que con cierta morbosidad, siempre me imaginé, el furgón, los cadáveres blancos, la expresión helada de mi madre y sus compañeros. Volví una y otra vez hasta que lo fui entendiendo, y ahora busco, casi enfermizamente sus nombres en las listas, algo que me diga qué fue lo que realmente pasó, no tengo fecha exacta, ni edades, ni apellidos ni nada. No tengo nada más que una brecha de 30 años, de una historia incompleta, de un relato recortado esperando, esperando que aparezcan.

25 mayo, 2010

Silbando en la calle

Esto se viene tornando en una lucha por la construcción de la identidad, en muchos aspectos, una lucha ideológica en casa, por tratar de desnaturalizar tantas practicas que antes me parecía estaban bien, una ruptura con la concepción del arte y su aparente carencia de función social. Y a esto me refiero con que la práctica de la plástica está encasillada a satisfacer el afán estético, volcar esa capacidad en una praxis que influya en lo social me parece una tarea casi imposible. Encontrarme saltando y gritando desaforadamente dista tanto de sentarme a planear una intervención, a cortar y pegar papelitos, no le veo sentido a realizar una muestra donde solo vayan viejas chochas a admirar lo bien que dibujo, las ideas súper locas que tengo. La función del arte está supeditada a las competencias de un coto social, a la posibilidad de acceso a determinado conocimiento que muchísimo dista de influir realmente en la estructura social en la que estamos insertos. Ser artistas implica hacer nuestro propio recorte, fundamentarlo es una habilidad discursiva, pero carente de argumentos en sí. La producción plástica es un espiral que revuelve en el ser individual. Las viejas chochas me admiran los críticos me alaban, los ricos me compran cuadros y yo me quedo en el molde, literalmente, el molde de artista posmoderno que sabe que lo que hace es una pelotudez, pero ahí vienen y te empujan para que sigas promoviendo la egolatría, para que el monumento de tu cabeza se ponga verde de oxido.
Ese es el proceso hipócrita, eso es hacer una historia de mierda y ser recordado como otro prócer desvinculado de la realidad. La función no se argumenta en su proceso interno y particular, se sostiene en la práctica, la práctica que te dice que puedo estar bañada en plata y ser una infeliz, la muerte de la obra es su conclusión, es que quede arrumbada debajo de mi cama, colgada en la pared de un museo, da lo mismo, no sirve de nada.
Me enseñaron a valorar lo material en desmedro de los vínculos que pueda generar, me enseñaron que la pobreza es no tener casa ni auto. Pero para mí pasa por otro lado, las cosas van y vienen, la cosas, como decía el viejo de mierda de Borges no sabrán nunca que nos hemos ido. A mí las cosas no me motivan, estoy rodeada de pelotudeces, me alegra más la idea de comprarme una pava pedorra que sirva para cebar mates ricos y no el teléfono más completo.
Las sonrisas, los juegos, el compañerismo son tesoros más grandes que una cuenta en el banco llena de plata que ni siquiera veo. Prefiero un departamento atestado de gente a una casa grande y vacía donde el único compañero es una tele de 48mil pulgadas.
Y cuando mi casa no es más mi casa ¿qué pasa? Cuando siento que voy perdiendo vínculos, cuando creo que mis raíces crecieron demasiado para esta maceta, cuando los otros arboles amenazan con ahogarme, qué se hace, se trasplanta el brote, y hay que tener cuidado de que sea lo suficientemente fuerte como para no matarla. Puedo ser la artista más brillante de mi curso, pero eso no llena el vacío que siento cuando considero que aquello hecho no tiene más valor que un poster de la Mona pegado en la pared.
Mi habilidad es solo una herramienta, jamás el fin en sí mismo. Es la muerte del arte queridos, y mi capacidad para renacer va a hacer de este país una fiesta.

04 mayo, 2010

717

Estuve pensando... mirando como loca todos esos números. Se repiten, una y otra vez, uno tras otro, seguidillas de dígitos y después nada. Un puto patrón que no logro descifrar, cada 10 segundos, después ya son minutos y aparecen de nuevo, otra vez, uno tras otro. Me siento un perro eufórico cazando moscas, atenta, neuróticamente concentrada en esa cifra. 3 números, 3 en sus múltiples combinaciones y ahí van, se repiten, iluminados en la fosforescencia, al principio, al medio, al final, ese que arma la composición, el equilibrio perfecto, 717, 717 una y otra vez. Y yo de números no entiendo nada, me parecen lindos o feos, armónicos o deformes, a veces los confundo con letras, el 4 es la A, la P es el 9, y así. Odio el 4, es un número de mierda. Pero todos están, en todos lados, me persiguen, y ya no es la idea de la conspiración sino el complot entero que me acosa.

21 abril, 2010

17 abril, 2010

Deme que no tengo

Dejé al perro atado, atado al poste, al mismo donde acaba de impactar un bólido descontrolado. Dejé que el agua hirviera, dejé que hirviera y cuando quise cebarme el mate perdí el paladar. Dejé que la luz se acabara, que el perro muriera, que la yerba se quemara… y que el tiempo pasara.

Me dejé a mí en la alcancía vacía, sonando a lata y juntando humedad, viendo desde abajo que las monedas ya no caían, el bolsillo agujereado, y este ticket de colectivo de comienzos de marzo.

Dejé que las hormigas circularan por el patio, las dejé solitas sin molestarlas. Dejé que se comieran las plantas, que mi mamá se indignara, que culpa de la rapsodia de gamexán los gatos se envenenaran.

Me olvidé de sacar la basura. Vino el moho, y se quiso quedar, así hizo y pobló de un manto verde los papeles que había tirado, lo dejé, el moho vivía sólo, sólo como cuando me fui.

Dejé la ventana abierta, y como era de esperar vino una tormenta. Allá todos mis papeles mojados, y a allá los dibujos que se los llevó el viento. Enhorabuena, quizás sea momento de comenzar de nuevo.

Me dijeron que no, me dijeron que no por motivos que desconozco. Yo no dije nada, básicamente estaba muda porque así como estoy no puedo ir. No dije nada, porque decir estaba de más. Porque las culpas se pagan a solas, a diferencia de las manos que se ensucian juntas.

08 abril, 2010

"Dame un zoom anacrónico"

Esto está mal redactado, pero fue una especie de iluminación momentánea y de cierta forma perturbadora.
Yo sé que el espacio es infinito por la cantidad de relaciones probables de ser configuradas, ahora, cuál es la función matemática que me permite develar aunque sea una porción mínima de toda su extensión. El espacio es simultáneo cuando la variable del tiempo está ausente. El tiempo es quien dota de un sentido a las imágenes. Cómo harían estas para convivir todas en un mismo lugar en la misma micronésima de segundo, o en la medida más pequeña en la que ya no “transcurra” el tiempo. Dónde está esa posibilidad. Me quedé pensando en la atemporalidad y cómo yo solía concebirla, para mí era un momento asilado de la cronología, no era más que eso, no excedía al tiempo. El tiempo siempre va a existir y sólo va a ser la forma en que se configuran los sucesos lo que le dé sentido. Un ejemplo, mi madre probablemente haya estado hace 20 años sentada en esta misma mesa con esta misma máquina de escribir y fumando, tal como yo estoy ahora, la diferencia radica en que yo no soy ella, es otra casa etc. La máquina atravesó toda barrera de espacio y tiempo.
La máquina del tiempo.


03 abril, 2010

Carta de una despechada

Y nosotros dos no podemos ser nada, porque vos estás mirando más allá de tu altura. Aunque durmamos juntos vas a estar mirando el techo, como chocan las polillas, en representación a como explotan las neuronas en mi cabeza. Me haces sentir idiota, y no hay cosa que me enferme más, porque si querés hacerme sentir miserable así lo lográs. Hoy pasé todo el día sentada en detrimento a mis cervicales, pensando para variar en… como desperdicio el tiempo, en que no existe el Nobel a la autocompasión, en que estaría bueno dormir un poco mejor, en que viene el frío y me pone de buen humor abrigarme. Pero siempre pesa más lo malo y feo, la caca y el pis, antes que la comida y la felicidad, la cerveza y los amantes, el Fernet y la música para bailar. Así que estoy acá, sentada porque escribir parada se me complica, y si esta silla hablara, no tendría nada para decir, al igual que la almohada babeada. Retomando… sos una pesadilla. Una bandada de pájaros cagándome en la cabeza, y yo me siento como una galleta ablandada por la humedad. Pasé el tiempo exponiéndome y ahora no queda otra más que tirarme a la basura, a nadie le gusta el sabor a viejo. Es probable que se me hayan posado un par de moscas también, llenas de caca en las patas. Estoy escatológicamente testeada, entabacada y soñolienta, pero siempre hay más lugar para quejarse, y eso es algo que me encanta. Yo soy feliz en la puta idealización, me encanta pasarme horas pensando en todos tus atributos súper copados. Pero sos un pedazo de mierda, un atado de bosta, igual que todos los otros, lo único que espero es encontrar el palito adecuado para limpiarme la suela de la zapatilla. Lo más gracioso es que no tenés idea. La idealista soy yo ya dije. Vos vas a pasar al pabellón de los infradotados con todos los otros, estoy llenando tu formulario. Un formulario de mierda. Sería fantástico.
Estoy en la puerta de los 22 y no aprendí un carajo, estoy cansada y aburrida, me queda poca yerba y 2 cigarrillos. Encima viene este otario a cantarme temas de amor, qué ganas de reventarte esa cara a besos. Más allá de eso, son un par de pájaros cortados por la misma tijera del inadaptado social. “Pero eso fue hace ya mucho, ya aprendí de mi dolor, y hoy solo fumo y escucho cuando siento hablar de amor” dice acá mi amigo Jorge, dudo que fume igual. Ya ni siquiera me sale hacerme la zorra. ¿Adonde se fue el rock? Las otras noches salí a una fiesta donde estaba todo el mundo re excitado y yo me quedé sentada tomando agua, es más, me acabo de poner una manta sobre las piernas porque tengo frío, debería existir el Nobel a la Loseritud también, me postularían. Esa misma noche mientras estaba con unos amigos en un bar me preguntaron si estaba ocupada la silla situada a mi lado (para llevársela obvio) y le digo al chico o chica ni me acuerdo: No pará no te la lleves!! Estoy esperando a mi novio inexistente!!!!!!. Por qué, realmente por qué esas ganas de dar lástima. No está mal reírse de uno mismo de vez en cuando, pero ya basta… es divertido igual. Todo esto viene siendo un tsunami de diversión enmascarada. Un tsunami… un tsunami en el papo papá.

28 marzo, 2010

Encontré esta frase en un escrito de septiembre del año pasado:


Y yo que me autoproclamé casa rodante hace años, y yo que dije que no me ataba a nada. Hasta que me descubrí siendo sanguijuela de la inercia, y me asusté, ya habían pasado 21 años, y en mi prontuario solo había bajas.

22 marzo, 2010

Ah! y por las conchudas como yo principalmente.

A quién quiero engañar

Hoy brindo, con el mate y el termo, por mi ego maltrecho.
Por todos los imbéciles que chocan atrás de mi casa en la madrugada.
Los amores imposibles.
La hernia que me va a salir en la vagina de tanto masturbarme.
La oscuridad de esas cuatro esquinas de Juniors.
Los videos de pole dancers.
El síndrome de la milanesa.
El café de confitería porteña.
La tapita de Fanta que hace una semana está en el escritorio.
La menstruación.
El enano al final del arcoíris.
El reproductor de Windows media.
El Facebook patológico.
El dolor de cintura.
El documento 1.
Los formularios.
El picnic.
La cuchara.
El control remoto del aire acondicionado.
El teléfono donde se escucha LV3.
La impresora que chupa 4 hojas a la vez.
El bicarbonato de sodio.
Las lapiceras de congresos.
Los auriculares arreglados con cancanes.
Los choris y las biorsis.
Las polillas.
Qué más…


Realmente no sé por qué hago esto, es esa necesidad de decir cosas… Que no tienen demasiado sentido para otros. Resulta catártico nombrar todo esto a modo de recuento, tratar de responder por qué estoy sentada a las 4:22 de la madrugada, sin ningún objetivo concreto. A la espera, desesperación mejor. Me siento como una gran imbécil. La idiota del siglo, la quedada, dormida. No, vos dormías. Yo escuchaba, yo siempre escucho, miro y todas esas cosas que no llevan a nada. Yo que tengo ese sexto sentido gatuno (es lindo engañarse) percibo cosas, en la oscuridad, en los otros. Obviamente me equivoco, cómo no hacerlo, si uso anteojos. En Polandia las cosas ocurren por una única razón, y es que simplemente aparecen, inconexas, son un registro discontinuo y estático. De todas formas nada tiene sentido. Me voy a la mierda. A quien quiero engañar, una sarta de obsecuentes no resuelven mis faltas.

15 marzo, 2010

Una promesa, es revocable mierda!

"Energas" 100cm x 150 cm Acrílico sobre lienzo


"Ora pro nobis, Roberto" 100cm x 50cm Técnica Mixta

Prometí no pintar nunca más, pero acá están las últimas producciones que vomité.

01 febrero, 2010

Dormir como el orto te hace ser un puto amante de sustancias estimulantes. ¿O era al revés?

28 enero, 2010

Máximas

- Tomar mate todo el día.
- Fumar hasta el hartazgo aunque el espasmo no me deje respirar.
- Tratar de evocar sensaciones inspiradoras todo el tiempo.
- Dormir la siesta y no pegar un ojo de noche.
- No comer por vagancia.
- Vestirme y salir a seducir desconocidos.
- Ir a la librería y comprar pinceles de $1.
- Ir a la despensa y comprar chicitos.
- Despertar a los gatos cada vez que los veo durmiendo.
- Tomarme botellas enteras de soda mientras miro tele.
- No usar posa vasos y manchar todas las mesas de madera.
- Salir con las manos llenas de mugre para que la gente piense que hago algo.
- Usarle la ropa a mi madre.
- Robarles los auriculares a mis hermanos.
- Mirarme las manos.
- Recordar ese jueguito de computadora donde armabas cosas con arena, y esa familia que usé tanto tiempo en los Sims.
- Pensar si tendré dinero para hacerme implantes dentales en el futuro.
- Imaginar instalaciones.
- Fantasear con personajes famosos e incluso dialogar con ellos es distintos idiomas.
- Estar segura de que dormirse antes de las 4 de la mañana es un desperdicio de día.
- Ser maniática de que la cuchara que estoy por meter en el azúcar o café no esté húmeda.
- Preguntarme que hay después de la muerte.
- Escribir en mi cuaderno.
- Creer que tengo rayos láser en los ojos, o algo por el estilo.
- Estar enamorada de Trent Lane.
- No mirar en los espejos de noche.
- Bailar como Britney (el intento obviamente).
- Creer que mi gato es reencarnación del amor de mi vida.
- Ver todas las películas de Hilary Duff hasta el final.
- No pisar el pasto de noche.
- Perseguir polillas y mosquitos.
- Estar contracturada.
- Quejarme.
- Salir con chicos con trastornos psicológicos.
- Dejar todos los proyectos inconclusos.
- Adorar a Johnny.

23 enero, 2010

yo me voy a ir al pingo de esta ciudad muerta
Puto colonialismo, puta catedral, puto catolicismo y puto conservadurismo
Putos todos los forros que viven en este pueblo infecto llamado Córdoba

15 enero, 2010

A los viejos que salen en la Ñ les encanta ser reinterpretados por mí, parte II








De abajo para arriba: El pensasdor, el desahuciado, el soñador, el alegre, el amenazante, el ingenuo, y mi preferido: el seductor.